Fórmulas y recetas, antiguas y modernas, para (casi) todo.

Clarificar y purificar.


  

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—Purificación del aceite.                                                                                           

Puede obtenerse un aceite limpio y sin olor desagradable calentando el aceite, vertiéndolo sobre vinagre y quitando la espuma.

—Aprovechamiento de los bajos de aceite.                                                                 
Cuando en el fondo del recipiente que contenga el aceite se haya formado (lo cual sucede a menudo) un poso turbio y mucilaginoso, se puede regenerar la limpidez de los bajos del modo que sigue: Se disuelven 3 p. de sal de cocina en 16 de agua; se mezcla esta solución con una mitad de su peso de bajos de aceite; se agita la mezcla hasta que se haya emulsionado de un modo completo, y se deja luego en reposo durante dos o tres días. Se forman dos capas: una superior transparente y otra inferior turbia. Se transvasa la parte limpia sumergiendo en ella una gruesa mecha, que se hará desembocar en otro vaso para que actúe como sifón, y echando sucesivamente agua en el recipiente que contiene el aceite, de modo que su nivel se levante de continuo hasta haber terminado la operación.

—Clarificación del aceite.                                                                                          

Para disminuir el color verde excesivo de ciertos aceites, se baten con un tercio de su peso de agua y se expone al sol la emulsión formada; será bueno mezclar un poco de caolín con el agua. Después se procederá a la filtración. 
    
                          
                                                                                                    

—Clarificación de líquidos por la albúmina.                                                               

Mezclar 3 claras de huevo por cada 50 litros de agua impura. Agitar para favorecer la mezcla. Hervir. Las claras con el calor se coagulan arrastrando al fondo todas las impurezas. Decantar.

—Purificación de la bencina.

Para la limpieza de los tejidos delicados, es preciso emplear una bencina perfectamente clara; de otro modo quedan siempre vestigios de las manchas que se intente quitar. Se mezcla la bencina que se haya de purificar, con 1 o 2% de su peso de ácido sulfúrico concentrado y se abandona a sí misma durante dos horas. Al cabo de este tiempo se separa la bencina del ácido, transvasándola, y se agita con un líquido clarificante. Al cabo de algunas horas de reposo, la bencina se separa perfectamente pura.
El líquido clarificante para purificar la bencina se prepara disolviendo
2,5 Kg. de alumbre, 14 de acetato de plomo, 0,5 de sulfato de magnesia y 0,625 de sulfato de sosa en 160 litros de agua.
Este líquido puede emplearse tan pronto como el sulfato de plomo formado se haya depositado en el fondo del recipiente. Contiene acetato de alúmina, sulfato de alúmina, sulfato de magnesia y sulfato de sosa. El acetato de alúmina depura la bencina de los ácidos grasos, los cuales pueden haber estado primitivamente en la bencina o bien haberse formado durante la depuración por la acción del ácido sulfúrico sobre las grasas. Las sales asociadas al acetato de alúmina sirven sólo para dar al líquido clarificante una densidad suficiente para hacerlo fácilmente separable de la bencina.