Lavar y limpiar (2).
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—Dorados.
Se lavan con agua y sosa caliente y se frotan con 5 partes de blanco de España, 50 de alcohol y 1.000 de agua. Se deja secar y se quita la capa producida con un cepillo suave si hay oquedades, o con una gamuza.
—Cadenas.
Se lavan con agua de jabón caliente y se secan con serrín.
—Limpieza de los bronces imitados.
Ni ácidos ni corrosivos, que quitarían el baño. Lavarlos con agua tibia enjabonada en la que se verterán unas gotas de amoníaco.
—Para limpiar las medallas y monedas (1).
Si son de bronce antiguo, cubiertas de óxido o más frecuentemente de cardenillo, basta sumergirlas en una solución de 5 partes de ácido oxálico (es venenoso) y 3 de ácido sulfúrico concentrado (es corrosivo). Para devolverles luego su brillo, ya limpias, bastará frotarlas con un paño empapado en el líquido anterior y espolvoreado con trípoli; se podrá emplear igualmente cualquiera de las pastas que se usan para limpiar metales.
—Para limpiar las medallas y monedas (2).
También se pueden dejar simplemente sumergidas en zumo de limón, hasta que la capa de cardenillo haya desaparecido, lo cual acontece al cabo de unas veinticuatro horas; sin embargo, una inmersión más prolongada no es perjudicial. Después se lavan con agua pura.
—Para limpiar las medallas antiguas.
Y los demás objetos de bronce cubiertos de pátinas se bañan en agua que contenga 5% de ácido oxálico y 3% de ácido sulfúrico de 66° Bé. Cuando además se desee abrillantarlos se frotarán con trípoli utilizando un trapo impregnado en el mismo líquido ácido.
—Limpieza del Carey.
Hacer una pasta con 30 gr. de pómez finísimo o de trípoli, 10 gr. de glicerina y 10 gr. de aceite, y frotar los objetos con un trapo impregnado de ella. Secar con un paño seco.
—Limpieza de zapatos claros.
Los zapatos de color marfil se limpian muy bien con las toallitas para el culito de los bebés, además como tienen un poco de crema se quedan limpios, brillantes y protegidos.
—Limpieza de las cortinas.
Se sacuden bien o se cepillan y se tienen una o dos horas en agua caliente con un poco de bórax; después se exprimen y se ponen en agua templada con jabón que forme mucha espuma; se pasan varias veces las cortinas por esta agua, sin restregarlas, y se enjuagan en agua clara. Deben secarse con rapidez, colgadas de sus soportes.
—Antivaho.
Se suprime el vaho del cristal de las gafas y de cualquier cristal limpiándolos con una solución de un poco de jabón, glicerina y agua destilada.
—Limpieza de las cubiertas de los libros.
Las encuadernaciones en cuero o en pergamino, son hoy casi un mito. Quien posea algunos ejemplares antiguos, puede reavivar los colores pasándoles por encima un trapito de franela ligeramente untado del acostumbrado encáustico de cera y trementina; déjese secar unas horas y luego repasar con un trapo de lana muy limpia.
—Si está sucio el cuero de las cubiertas de los libros.
Se frota ligeramente con una gamuza, espolvoreada con finísimo polvo de pómez.
—Las cubiertas de los libros de badana.
Se utilizará clara de huevo mezclada con vinagre. Suprimir éste para las pieles negras.
—Limpieza de los fogones.
Se mezcla una pequeña cantidad de azúcar con una cucharada de vinagre adicionado de plombagina (grafito), obteniéndose así una pasta apropiada para fregar los fogones de hierro, que por este medio adquieren un hermoso pulimento. Se empapa una bayeta con la pasta descrita; se mezcla además con la plombagina un poco de polvo de almidón y un chorrito de agua, en la que previamente se haya fundido algo de cola. Las porciones de la cocina que tengan manchas de leche, de caldo o de grasa, se limpian espolvoreándolas con sal y frotándolas con un estropajo.
—Los utensilios de cocina que conserven olor de cebolla o de pescado.
Se hierven con una solución de sosa.
—Las cocinas, estufas de fundición, etc. (1).
Se limpian con una mezcla de plombagina y aceite de linaza.
—Las cocinas, estufas de fundición, etc. (2).
Se puede también emplear una pasta compuesta de:
Sulfato de hierro.................10
Grafito en polvo....................5
Negro animal........................5
Agua..............................c. s.
Es conveniente añadir también un poco de alumbre.
—Limpieza de los objetos de esmalte.
Se hace una pasta de crémor tártaro en polvo con agua. Se extiende sobre la superficie a limpiar, se frota, luego se lava con mucha agua y se hace secar.
—Limpieza de los objetos de estaño.
Si están muy empañados, se desengrasan primero sumergiéndolos en una solución concentrada y caliente de carbonato de sosa. Se frotan luego con un pedazo de franela humedecida de petróleo y se repasan con otra franela seca. El mismo procedimiento sirve para los objetos antiguos o imitando lo antiguo, de peltre, metal compuesto por una liga de estaño, plata y antimonio.
—Lavado de los encajes blancos.
Los encajes que forman las guarniciones comunes de la ropa blanca, no tienen necesidad más que de ser lavados y planchados con cuidado, sin vacilaciones, extendiendo las puntas cuando están húmedas con los dedos y no empujándolas con la plancha. Mayores cuidados exigen, naturalmente, los encajes verdaderos o las mejores imitaciones. Las que forman parte de las guarniciones de vestidos o de ropa blanca, se descosen, se reúnen pieza a pieza con hilvanes y se enrollan alrededor de un tarro cilíndrico o una botella de vidrio limpia cuyo interior contenga agua hasta que, puesta en una olla, quede derecha con sólo el cuello fuera.
La olla se llenará con el siguiente líquido:
Agua.............................5 l.
Jabón blanco................80 gr.
Se pondrá la olla al fuego, donde se dejará un par de horas, cuidando que no hierva el contenido; se deja enfriar, se saca la botella y se pone en otro recipiente lleno de agua pura, bajo el grifo de agua corriente. Cuando ésta haya corrido hasta hacer seguro el aclarado, se pone la botella a secar sobre un paño, rodándola de vez en cuando.
Los encajes se desarrollan cuando están casi secos, se descosen y se extienden sobre paños secos. Si se enrolla ron con cuidado, no es necesario plancharlos; todo lo más, modificar con los dedos algún pequeño pliegue mientras están aún un poco húmedos.
Si los encajes son muy anchos y largos, se doblan en tiras y se cosen entre dos telas finas dando acá y allá unos puntos para que todo quede unido. Luego se procede al mismo lavado, sumergiendo el paquete en lugar de la botella. Lo esencial es siempre no estropear los encajes con las manos, no retorcerlos y no plancharlos por el sistema común. En vez de plancharlos, se extienden sobre un bastidor o sobre el plano de una mesa cubierta con un paño, mediante alfileres o chinchetas de dibujo (de acero que no se oxiden. Las reparaciones se hacen antes del lavado, para que las roturas no se agranden.
—Lavado de encajes negros.
Se hace un rollo con ellos y se pone en un recipiente cubriéndolo de cerveza, donde se deja media hora. Si los encajes se han puesto rojizos con el tiempo, se sumergen después en medio litro de agua al que se hayan añadido cuatro cucharadas de vinagre. Es bueno lavarlos en una decocción de hiedra.
—Lavado de encajes antiguos.
Se deslíe buen jabón de Marsella en agua muy caliente. Se pone el encaje en el recipiente que contenga el líquido, de manera que quede perfectamente embebido y cubierto. En esta disposición se le deja por lo menos doce horas, al cabo de las cuales se retira el encaje sin escurrirlo (puesto que el jabón le da un apresto natural) y se le comprime con las manos entre dos toallas sobre una mesa, para secarlo cuanto sea posible, teniendo cuidado, antes de secarlo bien, de estirarlo delicadamente con los dedos; jamás se empleará para ello una plancha, ni se sujetará con alfileres. El jabón que queda en el encaje y el estirado a mano suplen toda otra operación. Si al cabo de doce horas de inmersión el encaje está todavía sucio, se cambia la solución de jabón, repitiendo esto cuantas veces sea necesario.
—Encajes amarillentos.
Se estiran con cuidado y luego se enrollan, metiéndolos en un saquito de tela nueva, que se sumerge en un baño de aceite de oliva puro durante veinticuatro horas. Acto seguido, se mete el saquito en un baño de agua jabonosa hirviente, durante un cuarto de hora; se enjuaga con agua tibia y, se pasa por agua débilmente almidonada. Después de estas operaciones se saca el encaje del saquito y se tiende para que se seque.
—Detersivo de la lana.
Es muy ventajosa la raíz jabonera (100 gr. por litro) cocida y pasada por el pasador.
—Lavado de paredes.
Las paredes estucadas o pintadas al esmalte, se lavan simplemente con agua y jabón.
—Para lavar los empapelados comunes.
Si están sucios de negro de humo se usa la siguiente solución:
Bórax......................1 parte
Goma arábiga...........2 partes
Agua.....................12 partes
Emplear delicadamente una esponja poco empapada.
—Limpieza de guantes de piel (1).
Añadir a 1/4 de litro de leche, 2 gramos de carbonato de sosa y remover. Este preparado se utiliza inmediatamente.
—Limpieza de guantes de piel (2).
Otro preparado más activo y que se puede conservar, lo preparamos mezclando 165 gramos de lejía, 150 gramos de jabón en polvo y 200 Cl. de agua.
Para limpiar los guantes, extenderlos sobre un listón de madera o mejor en las propias manos. Mojar una esponja y frotar las manchas hasta que desaparezcan. Secar con un paño seco y limpio.
—Limpieza y cuidados de las sondas y los tubos de uso médico de caucho.
Se lavan en agua caliente dos o tres veces al año y se pasa por su interior un alambre en cuya extremidad se fija una muñeca empapada de glicerina. Enróllense los tubos, pero no se doblen.
—Desengrasante.
Mezcla crómica. Está compuesta de 20 gr. de bicromato de potasa y 100 de ácido sulfúrico. Puede decirse que es el desengrasante por excelencia, ante el cual ninguna suciedad, unto, mugre o incrustación resiste.
Usarla con la mayor precaución (Altamente venenosa y corrosiva).
—Desengrasante de los tejidos.
Las castañas de Indias, peladas, cocidas y reducidas a pulpa se cubren con agua hirviente; se remueve muchas veces y se deja posar la mezcla.
Después se decanta; el agua obtenida es un buen desengrasante de los tejidos.
—Limpieza del cobre (1).
El agua de cobre (ácido oxálico al 30-%).y la sal de acederas (6 gr. por 100 gr. de agua) son productos tóxicos y el empleo hecho por personas poco expertas o poco prudentes puede causar más daños que ventajas. Mejor emplear medio limón impregnado en polvos de pómez finísimos, o una solución caliente de sosa al 10%, que se puede saturar de sal marina, en cuyo caso sirve para cobres muy sucios. Se sumerge el objeto durante medio minuto y se frota bien; se vuelve a sumergir, se enjuaga en agua clara y se seca.
—Limpieza del cobre (2).
El vinagre y la harina de maíz forman juntos una buena pasta detersiva para las piezas de cobre de cocina. Después de secos, exponerlos al sol.
—Limpieza del cobre (3).
Agua.........................2000 Ácido oxálico............................10
Trípoli..........................60 Ácido sulfúrico..........................15
(Esta mezcla, y las tres que siguen, son fuertemente venenosas.)
—Limpieza del cobre (4).
Sal de acederas..............10 Esencia de trementina................10
Trípoli...........................30 Agua.......................................500
Se debe agitar antes de emplearlo, extendiéndolo en la superficie del objeto con un estropajo, fregando luego con fuerza y secándolo finalmente con un paño suave y seco.
—Limpieza del cobre (5).
Ácido oxálico..................30 Esmeril.....................................10
Creta.............................40 Rojo de Inglaterra......................10
—Limpieza del cobre (6).
Alumbre...........................8
Ácido sulfúrico................60
Agua.............................125
—Limpieza del cobre (7).
Un procedimiento muy sencillo consiste en fregar fuertemente el cobre con una mano de hojas de acedera y enjuagar luego con agua abundante.
—Limpieza del cobre (8).
Se forma una pasta mezclando:
Trípoli.............................16 Blanco de España.........................16
Piedra pómez en polvo........8 Petróleo.......................................3
Se aromatiza con algunas gotas de esencia de mirbano.
—Limpieza del cobre (9).
Los adornos de cobre pulimentados, botones, etc., se limpian, con ayuda de un cepillo espeso, con una mezcla de trípoli, blanco de España y alcohol. Si no se logra una limpieza suficiente en las hendeduras y concavidades, se puede emplear polvo de carbón fino.
—Cuando no basta la limpieza con ácido oxálico.
Se tratan los objetos con solución de carbonato de potasa y luego se sumergen en una mezcla de agua y ácidos sulfúrico y nítrico a partes iguales. Apenas sumergidos, se extraen rápidamente y se enjuagan con agua abundante; luego se secan con harina o aserrín.
—El cobre en lámina delgada.
Se limpia con un trozo de carbón (que no haya estado todavía en el fuego) y luego con un trapo de lana.
—El cobre viejo.
Se limpia con trapos empapados en amoníaco diluido con agua y luego se frota cuidadosa y enérgicamente con un cepillo. A los cinco minutos el cobre estará brillante y como nuevo. Se enjuaga con agua corriente y se seca entre aserrín.
—Limpieza del cobre con zumo de limón.
Es un error el tratar de limpiar el cobre con trapos empapados en ácido; de cualquier naturaleza que éste sea, lo empaña y ensucia. El zumo de limón, mezclado con blanco de España que neutraliza su acidez, sirve muy bien para limpiar cadenillas, las cuales deben luego repasarse con una gamuza.
—Limpieza del cobre cincelado.
Después de haber lavado el objeto con agua caliente y sosa, extender encima con un pincel una mezcla hecha con 15 gr. de blanco de España y 40 gr. de alcohol desnaturalizado. Frotar con una gamuza o con un paño caliente.
—Para limpiar los objetos de cobre cincelado. Se lavan primero con agua caliente y jabón y se dejan secar por completo. Después se frotan con un limón, cortado por la mitad, se enjuagan con agua tibia cuando parecen suficientemente limpios, y después de secos, se frotan con una gamuza. Debe proscribirse el empleo de polvos, porque se introducen en los huecos y luego resulta muy difícil quitarlos.
—Limpieza del coral.
El coral puede lavarse con agua y jabón y un poco de sosa. Luego se sumerge en agua caliente adicionada de un poco de ácido oxálico (el 2% aproximadamente). Se enjuaga en frío y se seca al sol.
—Lavado y conservación de los impermeables.
El agua caliente, los jabones de todas clases, la bencina y todos los preparados grasos no sirven para el caso. Pasar, en cambio, sobre el impermeable sucio pan duro frotándolo repetidamente, después de lo cual se podrá lavar con cuidado en agua tibia mezclada con unas cucharadas de vinagre.
Los impermeables deberán colgarse lejos del calor de estufas y radiadores. Cuando están mojados, tampoco deben exponerse al sol ni al calor artificial. Séquense bien extendidos en la sombra y al aire.
Tampoco deben ser planchados los impermeables. Pásese sobre las partes arrugadas un cepillo mojado con agua, repitiendo tantas veces la operación como sea necesario. Se tendrá así un modo de apreciar la calidad: un buen tejido de goma no se arruga nunca.
—Limpieza de las lámparas de aceite.
Vaciada la lámpara se le echa aceite de oliva hirviendo y se agita fuertemente. Se renueva el aceite hirviendo y se agita todavía. La lámpara quedará bien limpia de los depósitos que suelen formar los aceites.